En medio del escándalo por el presunto uso de anestésicos robados en reuniones privadas, el director del Hospital Fernández y toxicólogo, Carlos Damin, brindó detalles sobre el funcionamiento de estas sustancias y advirtió sobre los riesgos de su consumo fuera del ámbito médico.

“Definitivamente es impactante, sobre todo para los que somos médicos”, sostuvo el especialista en declaraciones a LN+, al referirse a una situación que generó preocupación dentro del sistema de salud y abrió interrogantes sobre prácticas que están bajo investigación.

Damin explicó que el propofol produce un estado particular en el organismo. “Genera un cuadro entre el sueño profundo y el estar despierto, con cierta euforia”, detalló, y remarcó que su administración requiere una precisión milimétrica.

En ese sentido, advirtió que se trata de una sustancia de uso específico en prácticas médicas. Su utilización fuera de ese contexto puede implicar riesgos severos para la salud, en especial por la posibilidad de depresión respiratoria.

El especialista también se refirió al fentanilo, otro anestésico utilizado en hospitales. “Es un opioide que genera euforia y placer, pero con el tiempo dura menos, lo que lleva a repetir dosis y desarrollar dependencia”, explicó.

Para Damin, este tipo de situaciones puede estar vinculado a distintos factores. “Podríamos estar hablando de adicción o de alguna alteración en la salud mental”, afirmó. A la vez, señaló el nivel de exigencia que enfrentan los profesionales del área. “Son profesionales que realmente estudian, están bien formados, tienen muchos controles, también mucho estrés”, indicó, y agregó que a lo largo de su trayectoria observó casos en los que se recurrió a medicación en contextos de alta presión laboral.

El toxicólogo también mencionó un componente relacionado con la percepción de control. “Es atractivo por el efecto que genera. Además, podemos hablar de la omnipotencia de los médicos, que sentimos que podemos controlar todo”, sostuvo.

En cuanto a los controles, el director del Hospital Fernández subrayó que estos medicamentos están sujetos a estrictos protocolos. “En mi hospital, las ampollas que salen, que van al quirófano o a terapia intensiva tienen que devolverse rotas. Esto es así desde hace 30 años, no es algo nuevo. Siempre fueron sustancias muy controladas”, explicó.

Por último, diferenció el contexto local del de otros países y remarcó que en la Argentina estas sustancias no circulan en el mercado ilegal y su uso está restringido al ámbito médico, bajo normas estrictas de control.